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Arundhati Roy: cómo enfrentar al imperio
• Friday February 14, 2003

Me han pedido que hable sobre "cómo enfrentar al Imperio". Es una pregunta amplia, y no tengo respuestas fáciles.
Cuando hablamos de confrontar al "Imperio", necesitamos identificar qué significa "Imperio". ¿Significa el gobierno de Estados Unidos (y sus satélites europeos), el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional, la Organización Mundial del Comercio y las corporaciones multinacionales? ¿O es más que eso?
En muchos países, el Imperio ha criado otras cabezas subsidiarias, algunas de ellas subproductos peligrosos: nacionalismo, fanatismo religioso, fascismo y, por supuesto, terrorismo. Todos ellos caminan de la mano del proyecto de mundialización corporativa.
Permítanme ilustrar lo que estoy diciendo. India, "la mayor democracia del mundo", está en la actualidad al frente del proyecto de mundialización corporativa. Su "mercado" de mil millones de personas está siendo abierto por la OMC. La corporativización y la privatización son bienvenidas por el gobierno y la elite de India.

No es coincidencia que el primer ministro, el ministro del Interior, el ministro de Desinversiones, los hombres que firmaron el acuerdo con Enron en India, los hombres que están vendiendo la infraestructura de país a las corporaciones multinacionales, los hombres que quieren privatizar el agua, la electricidad, el petróleo, el carbón, el acero, la salud, la educación y las telecomunicaciones, son todos miembros o admiradores del RSS. El RSS es una asociación hindú de derecha, ultranacionalista, que ha admirado abiertamente a Hitler y sus métodos.
El desmantelamiento de la democracia se está llevando a cabo con la rapidez y eficiencia de un Programa de Ajuste Estructural. Mientras el proyecto de mundialización corporativa destroza la vida de las personas en India, la privatización masiva y las "reformas" laborales echan a las personas de sus tierras y de sus trabajos. Cientos de agricultoros empobrecidos se están suicidando con el consumo de plaguicidas. De todo el país llegan informes de muertes por hambre.
Mientras la elite viaja a su destino imaginario cerca de la cima del mundo, los desposeídos caen en espiral hacia el delito y el caos. Este clima de frustración y desilusión nacional es el perfecto caldo de cultivo, nos enseña la historia, del fascismo.
Los dos brazos del gobierno indio han desarrollado una "tenaza" perfecta. Mientras que un brazo está ocupado vendiendo la India por pedazos, el otro, para distraer la atención, está orquestando un coro aullador, ladrador, de nacionalismo hindú y fascismo religioso. Está realizando pruebas nucleares, reescribiendo los libros de historia, incendiando iglesias y demoliendo mezquitas. La censura, la vigilancia, la suspensión de libertades civiles y derechos humanos, la definición de quién es ciudadano indio y quién no, en particular con relación a las minorías religiosas, se están volviendo ahora prácticas comunes.
El pasado mes de marzo, en el estado de Gujarat, dos mil musulmanos fueron masacrados en una persecusión oficial patrocinada por el Estado. Las mujeres musulmanas fueron especialmente buscadas. Fueron desnudadas y violadas por grupos antes de ser quemadas vivas. Se incendiaron y saquearon comercios, hogares, molinos textiles y mezquitas. Más de ciento cincuenta mil musulmanos han sido alejados de sus hogares. La base económica de la comunidad musulmana ha sido devastada.
Mientras Gujarat ardía, el primer ministro de India estaba en la MTV promoviendo sus nuevos poemas. En enero de este año, el gobierno que orquestó la matanza fue reelecto por una cómoda mayoría. Nadie ha sido castigado por el genocidio. Narendra Modi, arquitecto de la persecución, orgulloso integrante del RSS, se ha embarcado en su segundo período como ministro en jefe de Gujarat. Si fuera Saddam Hussein, por supuesto, cada una de las atrocidades hubiera aparecido en la CNN. Pero puesto que no lo es, y que el "mercado" indio está abierto a las inversiones globales, la masacre no es siquiera una inconveniencia embarazosa.
Hay más de cien millones de musulmanos en India. Una bomba de tiempo está haciendo tictac en nuestra antigua tierra.
Todo esto para decir que es un mito que el libre mercado rompe las barreras nacionales. El libre mercado no amenaza la soberanía nacional, sino que destruye la democracia.
Al crecer la disparidad entre ricos y pobres, la lucha para acorralar recursos se intensifica. Para lograr sus "acuerdos queridos", para corporatizar los cultivos que sembramos, el agua que bebemos, el aire que respiramos y los sueños que soñamos, la mundialización corporativa necesita una confederación internacional de gobiernos leales, corruptos y autoritarios en los países más pobres para sacar adelante reformas impopulares y sofocar los motines.
La mundialización corporativa o, para llamarla por su nombre, el Imperialismo, necesita una prensa que simule ser libre. Necesita tribunales que simulen impartir justicia. Mientras tanto, los países del norte refuerzan sus fronteras y acopian armas de destrucción masiva. Después de todo, tienen que asegurarse de que solo se globalicen el dinero, los bienes, las patentes y los servicios. No el libre movimiento de las personas. No el respeto de los derechos humanos. No los tratados internacionales sobre discriminación racial, o sobre armas químicas y nucleares, o emisiones de gases con efecto invernadero o cambio climántico, ni, que Dios no lo permita, la justicia.
Entonces esto, todo esto, es "imperio". Esta confederación leal, esta obscena acumulación de poder, esta distancia tan aumentada entre quienes toman las decisiones y quienes tienen que sufrirlas.
Nuestra lucha, nuestro objetivo, nuestra visión de Otro Mundo debe ser eliminar esta distancia. Entonces, ¿cómo resistimos al "Imperio"?
Las buenas noticias es que no lo estamos haciendo tan mal. Ha habido grandes victorias. Aquí en América Latina ustedes han tenido tantas... en Bolivia, tienen a Cochabamba; en Perú, hubo un levantamiento en Arequipa; en Venezuela, el presidente Hugo Chávez resiste, a pesar de los mejores esfuerzos del gobierno estadounidense.
Y la mirada del mundo está en el pueblo de Argentina, que intenta remodelar un país a partir de las cenizas del caos creado por el FMI.
En India el movimiento contra la mundialización corporativa está ganando fuerza y está situado para convertirse en la única verdadera fuerza política que contrarreste el fascismo religioso.
En cuanto a los rutilantes embajadores de la mundialización corporativa, Enron, Bechtel,
WorldCom, Arthur Anderson, ¿dónde estaban el año pasado, y dónde están ahora?
Y por supuesto en Brasil tenemos que preguntarnos, ¿quién era presidente el año pasado, y quién es presidente ahora?
Sin embargo, muchos de nosotros tenemos momentos oscuros de desesperanza y descorazonamiento. Sabemos que bajo el creciente toldo de la guerra contra el terrorismo, los hombres de traje están trabajando duro.
Mientras llueven bombas sobre nuestras cabezas, y los misiles crucero atraviesan los cielos, sabemos que se están firmando contratos, se están registrando patentes, se están tendiendo tuberías de petróleo, se están diezmando los recursos naturales, se está privatizando el agua y George Bush está planeando ir a la guerra contra Irak. Si miramos este conflicto como una confrontación cara a cara entre el "Imperio" y aquellos de nosotros que lo estamos resistiendo, puede parecer que estamos perdiendo.
Pero hay otra manera de mirarlo. Nosotros, todos nosotros aquí reunidos, tenemos, cada cual a su propia manera, sitiado al "Imperio". Puede que no lo hayamos detenido -todavía- pero lo hemos desnudado. Hemos hecho caer su máscara. Lo hemos forzado a salir a campo abierto. Ahora está delante nuestro, en el escenario del mundo, en toda su brutal e inicua desnudez.
El imperio bien puede ir a la guerra, pero ahora está a campo abierto, demasiado feo para soportar su propio reflejo. Demasiado feo incluso para convencer a su propia gente. No falta mucho para que la mayoría del pueblo estadounidense se convierta en nuestro aliado. Hace unos pocos días, un cuarto de millón de personas marchó contra la guerra a Irak en la ciudad de Washington. Cada mes, la protesta gana fuerza.
Antes del 11 de setiembre de 2001, Estados Unidos tenía una historia secreta. En especial secreta para su propio pueblo. Pero ahora los secretos de Estados Unidos son historia, y su historia es de conocimiento público. Es charla callejera.
Hoy sabemos que cada uno de los argumentos utilizados para la escalada de la guerra contra Irak es mentira. El más grotesco es el profundo compromiso del gobierno de Estados Unidos a llevar la democracia a Irak. Matar gente para salvarla de la dictadura o de la corrupción ideológica es, por supuesto, un viejo deporte del gobierno de Estados Unidos. Aquí en América Latina, ustedes lo saben mejor que la mayoría.
Nadie duda que Saddam Hussein es un dictador implacable, un asesino (cuyos peores excesos fueron apoyados por los gobiernos de Estados Unidos y Gran Bretaña). No hay duda de que los iraquíes estarían bien mejor sin él.
Pero entonces, el mundo entero estaría bien mejor sin un tal señor Bush. De hecho, él es mucho más peligroso que Saddam Hussein. Entonces, ¿deberíamos bombardear a Bush para hacerlo salir de la Casa Blanca?
Es más que claro que Bush está decidido a ir a la guerra contra Irak, sin importar los hechos y sin importar la opinión pública internacional. En su campaña de reclutamiento de aliados, Estados Unidos está preparado para inventar hechos. La charada con los inspectores de armas es la concesión ofensiva, insultante, del gobierno estadounidense a alguna forma retorcida de etiqueta internacional. Es como dejar la "puerta del perrito" abierta para que "aliados" de último momento o quizá la ONU puedan entrar gateando.
Pero a pesar de todos los intentos y propósitos, la nueva guerra contra Irak ha comenzado. ¿Qué podemos hacer?
Podemos aguzar nuestra memoria, podemos aprender de nuestra historia. Podemos seguir construyendo opinión pública hasta que se convierta en un rugido ensordecedor. Podemos convertir la guerra de Irak en la vidriera de los excesos del gobierno estadounidense. Podemos exponer a George Bush y a Tony Blair, y a sus aliados, como los cobardes asesinos debebés, envenenadores del agua y pusilánimes bombarderos a larga distancia que realmente son. Podemos reinventar la desobediencia civil de un millón de maneras diferentes. En otras palabras, podemos inventar un millón de maneras de convertirnos en una "molestia en el culo" colectiva.
Cuando George Bush dice "o están con nosotros o están con los terroristas", podemos contestar "no, gracias". Podemos hacerle saber que la gente del mundo no tiene por qué elegir entre un Ratón Mickey malévolo y los Mullahs Locos.
Nuestra estrategia no debería ser confrontar al imperio, sino sitiarlo. Quitarle el oxígeno. Avergonzarlo. Burlarnos de él. Con nuestro arte, nuestra música, nuestra literatura, nuestra tozudez, nuestra alegría, nuestro brillo, nuestra implacabilidad absoluta, y nuestra capacidad de contar nuestras propias historias. Historias distintas de aquellas que nos quieren hacer creer lavándonos el cerebro.
La revolución corporativa colapsará si nos negamos a comprar lo que están vendiendo: sus ideas, sus versiones de la historia, sus guerras, sus armas, su noción de inevitabilidad.
Recuerden esto: Somos muchos y ellos son pocos. Nos necesitan más que lo que los necesitamos.

por Arundhati Roy

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