Rigoberta Menchú a Vicente Fox
Rigoberta Menchú Tum
------------------------------------------------------------------------
Ciudad de México, 1º de abril de 2003
D. Vicente Fox Quesada
Presidente Constitucional de los Estados Unidos Mexicanos
Estimado amigo:
Hace unos días me dirigí a Ud. para ponderar la posición
de su gobierno en torno al entonces escenario prebélico en el seno
del Consejo de Seguridad, instándole a mantener firmeza en la causa
de la defensa de la paz.
Hoy, a casi dos semanas del inicio de las hostilidades, y fecha en que
México asume la presidencia del Consejo de Seguridad de las Naciones
Unidas, deseo expresarle mi profunda preocupación por los resultados
de esta tan ilegal como inadmisible agresión, y urgir a su gobierno
a hacerse eco de los millones de voces que no cesan de levantarse contra
la guerra en todo el mundo y cumplir un papel histórico en defensa
de la vida y la dignidad del indefenso pueblo iraquí así
como de la maltrecha legalidad internacional.
La invasión a Irak y las masacres de su población civil
emprendidas por las fuerzas armadas de los Estados Unidos y un pequeño
grupo de países representan, inobjetablemente, un acto de agresión
unilateral que contraviene expresamente el Artículo 2 de la Carta
de las Naciones Unidas, constituyendo un delito internacional. Frente
a ello, deseo expresarle mi estupor frente a la parálisis de la
comunidad internacional, que ha sucumbido a la presión estadounidense,
anteponiendo la discusión de asuntos de ayuda humanitaria y la
repartición del botín de la reconstrucción de Irak,
mientras el delito político permanece impune y sus perpetradores
dispuestos a continuar –insaciables– derramando sangre inocente.
Mi conciencia –como estoy segura que la suya– se sobresalta
cada vez que veo las desgarradoras imágenes que difunden los medios
en esta singular cobertura de la "carnicería en directo".
Niños mutilados, cuerpos de hombres y mujeres volando por los aires,
en un espectáculo dantesco cuya única explicación
–según el presidente Bush– ya no es el desarme de Irak,
ni siquiera el derrocamiento del régimen que lo gobierna sino,
simplemente, la demostración autocomplaciente de que los Estados
Unidos pueden hacer eso porque tienen con qué hacerlo.
Señor presidente, estas conductas prepotentes constituyen delitos
de genocidio y terrorismo de estado, tipificados en la legislación
internacional como crímenes de lesa humanidad. Por experiencia
propia puedo decirle que no hay mayor aliciente para persistir en ellos
que dejarlos en la impunidad. Por ello, independientemente de las acciones
que se puedan encaminar ante los entes jurisdiccionales y de la suerte
que puedan correr dichas acciones a la luz de los recientes antecedentes,
me dirijo a Ud. para instarle a que en esta oportunidad México
salve la honra de la humanidad, urgiendo la convocatoria extraordinaria
de la Asamblea General de las Naciones Unidas, para que los países
que representan a más del 90% de la población mundial expresen
su sanción a la agresión y pongan fin a esta aventura.
La inconmensurable potencia de fuego de los Estados Unidos y la resistencia
patriótica del pueblo iraquí van a hacer de ésta
una guerra larga. Sólo una acción conjunta y concertada
que una a la inmensa mayoría de las voluntades opuestas a la guerra
podrá cambiar el curso de esta situación, no sólo
ya para salvar al pueblo iraquí de la incesante de lluvia de acero
y metralla, sino para prevenir cualquier acción similar que se
pretenda desencadenar en el futuro.
Confiando en que su gobierno honrará las mejores tradiciones de
la digna política exterior mexicana y conjurará las inadmisibles
presiones que está padeciendo, ofrezco una vez más a Ud.
mi decidido e incondicional apoyo en la lucha por la paz.
Respetuosamente,
Rigoberta Menchú Tum
Premio Nobel de la Paz
|