Creemos en la paz y la justicia:
DECLARACION DE INTELECTUALES DE TODO EL MUNDO
Abril 2003
El siguiente texto fue elaborado por 90 destacados intelectuales de
todo el mundo (Eduardo Galeano, Noam Chomsky, Tariq Alí y Susan
George entre ellos).
Se proponen construir un movimiento para detener la actual guerra e
impedir las próximas, y para ello convocan a un trabajo masivo
de convencimiento puerta por puerta. Con ese objetivo, han redactado un
manifiesto, cuyo texto completo también se reproduce a continuación,
que ha recogido más de 30.000 firmas en sus primeros días.
Construir un movimiento lo suficientemente poderoso como para detener
la guerra en Irak, o impedir de manera exitosa la próxima guerra
en Siria, Irán o Venezuela involucra muchos factores. Entre éstos,
probablemente el fundamental se refiere al número.
Para desafiar de manera efectiva a los dueños del poder, nuestro
movimiento debe crecer constantemente tanto en números como en
conciencia y compromiso.
Debemos llegar a la gente que está contra la guerra pero que aún
no ha actuado en consecuencia. Debemos llegar a la gente que está
perturbada por lo que está viendo pero que aún no sabe cómo
oponerse a la guerra y a las políticas que la sustentan. Debemos
llegar también a aquellos que ahora apoyan la guerra pero que no
conocen su contexto, la situación histórica que la precedió
y sus implicaciones.
Una labor clave, por lo tanto, aparte de las manifestaciones, es hablar
con la gente, escuchar sus dudas, sus confusiones y sus opiniones, para
poder aportar un punto de vista alternativo capaz de generar una solidaridad
ética duradera. Debemos buscar a las personas que no conocemos.
Debemos ir puerta por puerta en nuestros barrios. Tenemos que hacerlo
una y otra vez.
Debemos hablar con nuestros compañeros de trabajo, con las personas
que cruzamos al ir de compras, con nuestros vecinos, con las que se sientan
a nuestro lado en clase, en la escuela y en cualquier lugar. Necesitamos
organizar.
Nuestras marchas deben atravesar distintos barrios en lugar de celebrarse
sólo en el centro de las ciudades. En las marchas debemos hablar
con aquellos que eligen ser espectadores. Miles de grupos pueden ir a
los centros comerciales y montar mesas para hablar con la gente de la
zona.
Hablar, hablar. Ese es el fundamento para lograr mayores manifestaciones,
compromisos más profundos, lo que aumentará los costos para
las elites y a cambio nos dará ganancias.
Si 100 o 500 o 5 mil o 50 mil personas más están dispuestas
a bloquear calles u obstruir edificios como medida para presionar a las
elites eso será maravilloso, especialmente esta campaña
obstaculiza parte de la maquinaria bélica, como los bloqueos de
trenes militares en Europa. ¿Pero no debería estar dispuesta
toda esa gente a salir a hablar con la población un día
después o un día antes para extender estas ideas y facilitar
que también otros se involucren activamente?
Nuestras manifestaciones facilitan llegar a la población para organizarla.
Pero pese a lo importantes que son, las marchas, manifestaciones y obstrucciones
por sí solas no lograrán la organización. Para recibir
ideas y cambiar mentalidades se necesita que escuchemos y que después
aportemos evidencias y argumentos. También que mostremos comprensión
y respeto hacia las posturas de la gente. Es necesario hablar.
Para detener esta guerra, evitar la próxima y más en general
sostener el combate a la guerra y las injusticias, debemos contar con
cientos de miles de miembros comprometidos con el movimiento. Pero, aun
cuando hablemos continuamente con aquellos que están en desacuerdo
con nosotros, ¿cómo vamos a saber que estamos avanzando?
¿Cuál podría ser nuestra herramienta de abordaje
a quienes no conocemos?
Una técnica posible para todos nosotros, a escala mundial, sería
emitir una declaración para que todos la firmen, algo que sirva
para estos momentos pero que no se vuelva obsoleta. Algo que sea a la
vez concreto y específico, pero también lo suficientemente
universal como para ser usado en todo el mundo. Algo que mencione las
razones que impiden a la gente involucrarse activamente en un movimiento
por la paz y la justicia.
Podría ser algo como esto:
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Creo en la paz y la justicia.
Creo en la democracia y la autonomía. No creo que Estados Unidos
ni ningún otro país deba ignorar la voluntad popular, ni
violar o socavar el derecho internacional al tratar de lograr votos en
el Consejo de Seguridad mediante la intimidación o el soborno.
Creo en el internacionalismo. Me opongo a que cualquier nación
siga extendiendo por el mundo una red de bases militares que siempre está
en aumento y siga produciendo un arsenal sin paralelo en el mundo.
Creo en la equidad. No creo que Estados Unidos ni ningún otro país
deba buscar ser un imperio. No pienso que Estados Unidos deba controlar
el petróleo de Medio Oriente mediante corporaciones estadounidenses
ni usarlo como cuña para obtener el control político de
otros países.
Creo en la libertad. Me opongo a regímenes brutales en Irak y en
cualquier lugar, pero también me opongo a la nueva doctrina de
la 'guerra preventiva', que garantiza la perpetuación de un conflicto
muy peligroso y que es la razón por la que Estados Unidos es considerado
la mayor amenaza para la paz en buena parte del mundo. Creo en una política
exterior democrática que apoye la oposición popular al imperialismo,
a la dictadura y al fundamentalismo político en todas sus formas.
Creo en la solidaridad. Soy solidario con todos los pobres y los excluidos.
A pesar de la desinformación masiva, son millones los que se oponen
a la guerra injusta, ilegal e inmoral, y quiero sumar mi voz a la de todos
ellos.
Estoy con los líderes religiosos y morales de todo el mundo, con
los trabajadores y con la enorme mayoría de la población
mundial.
Creo en la diversidad. Estoy en favor de que se ponga fin al racismo contra
inmigrantes y personas de color. Estoy por el fin de la represión,
tanto en mi país como en el extranjero.
Creo en la paz. Me opongo a esta guerra y a todas las condiciones, mentalidades
e instituciones que generan y nutren la guerra y la injusticia.
Creo en la sustentabilidad. Estoy contra la destrucción de bosques,
suelos, agua, recursos ambientales y biodiversidad, elementos de los que
depende la vida.
Creo en la justicia. Estoy en contra de las instituciones económicas,
políticas y culturales que promueven una mentalidad de carrera
de ratas, de enormes desigualdades económicas y de poder, de dominio
de las corporaciones, de las fábricas que obtienen beneficios del
trabajo esclavo, y de las jerarquías sexuales y de género.
Creo en políticas que canalicen el dinero que se emplea para los
gastos de guerra y militares hacia la salud, la educación, la construcción
de hogares y la creación de empleos.
Cero en un mundo cuyas instituciones políticas, económicas
y sociales fomenten la solidaridad, promuevan la igualdad, incrementen
la participación, celebren la diversidad y promuevan una democracia
completa.
Creo en la paz y la justicia. Y, lo que es más, me comprometo a
trabajar por la paz y la justicia.
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